El Volcán de oro
El Volcán de oro Cualquier cazador comprenderá el natural anhelo que sentía Summy Skim de encontrar a los alces que había divisado la víspera y de abatir al menos uno de aquellos magníficos rumiantes. En suma, sus excursiones en los alrededores de Dawson City o en los parajes de Forty Miles Creek sólo le habían procurado caza ordinaria, caza menor, como estorninos, gallinazas o perdices. En lo referente a la caza mayor, ésta se había retirado varias decenas de leguas ante la invasión de los mineros, y Klondike no ofrecía a ese respecto lo mismo que los bosques de Cassiar o las orillas del río Pelly. Summy Skim había podido encontrar varios osos, entre otros el de la variedad silver tip, de garganta blanca, o el oso pardo, el grizzly, y también la variedad vulgarmente conocida como «viejo minero». Pero nunca había tenido ocasión de mandar una bala a los hocicos de aquellos salvajes cuadrúpedos que habitaban preferentemente los territorios de las Montañas Rocosas. En lo referente a los caribús de los bosques, especie de ciervo que se distinguía por su tamaño de los que ya había cazado en los bosques del Dominio, había sido más afortunado y no tenía que estrenar su fusil. Por el contrario, repetimos, desde su llegada a Klondike no había podido perseguir a ningún alce.