El Volcán de oro
El Volcán de oro Ésta se hallaba entonces detenida en la linde de un bosque a legua y media de distancia del Golden Mount. Aquà y allá se alzaban algunos macizos de árboles donde era necesario penetrar, o mejor dicho, deslizarse de uno a otro por temor a ser oÃdo o visto, o incluso únicamente sentido. Es cierto que en la cercanÃa del bosque aquella maniobra serÃa inútil, y los cazadores no podrÃan avanzar un paso sin traicionar su presencia. Entonces los alces echarÃan a correr y serÃa imposible volver a encontrar su rastro.
Después de tener un conciliábulo, Summy Skim y Neluto decidieron bajar más al sur, con el fin de alcanzar el ángulo meridional del bosque. Desde allÃ, yendo de árbol en árbol, quizá llegaran a situarse cerca de la manada sin despertar su atención. Únicamente era importante retener al perro, que daba muestras de una viva impaciencia.
Tres cuartos de hora más tarde, después de haber tomado todas las precauciones imaginables, Summy Skim y el indio se detuvieron en el extremo del bosque. Los alces seguÃan quietos en el lindero y siguiendo éste por espacio de unas mil toesas llegarÃan a ellos.
—Sigamos el lindero, pero por dentro —dijo Summy Skim—. Y agarra a Stop, Neluto, para que no corra y dé la alerta.