El Volcán de oro
El Volcán de oro Bill Stell llamó a sus hombres y les informó de lo que se había decidido. Provistos de sus herramientas, fueron a la orilla y excavaron el lugar por donde comenzaba el canal.
Bastó una media hora para cavar una zanja que las aguas, al precipitarse, fueron ensanchando. Pero detenidas por la presa en el orificio de la galería, se calmaron en cuando se estabilizó el nivel entre el canal y el río.
Ahora, todos los accesos estaban cortados alrededor de aquel triángulo en el que se apretaban los árboles que abrigaban el campamento.
Mientras se ejecutaba aquel trabajo, Summy Skim y Lori que, ayudados por Neluto, se encargaron de poner a punto las armas: carabinas, fusiles, revólveres, y también los cuchillos, para el caso en que fuera necesario luchar cuerpo a cuerpo. Quedaba todavía una reserva suficiente de pólvora y balas, así como de cartuchos prefabricados.
—Tenemos para esos bribones tanta munición como se merecen, y no la ahorraremos —dijo Summy Skim.
—Mi idea es que si los acogemos con una buena descarga se irán como han venido —dijo Lorique.