El Volcán de oro
El Volcán de oro En toda la banda se produjo un movimiento, un movimiento que Hunter reprimió con un gesto. Le hubiera gustado saber, antes de ir más adelante, con cuántos hombres contaba Ben Raddle, pero sus ojos intentaban penetrar en vano entre los matorrales del bosquecillo.
Ben Raddle juzgó que habÃa llegado el momento de intervenir y avanzó hasta la orilla del canal. Hunter y él estaban separados por una distancia de una docena de pasos. Malone se habÃa quedado atrás.
—¿Qué es lo que quieren? —preguntó Ben Raddle con voz fuerte.
—Queremos saber lo que han venido a hacer al Golden Mount.
—¿Y con qué derecho lo quiere saber?
—No se trata de derecho, sino de hecho —respondió Hunter—. El hecho es que ustedes están aquÃ, a [ochenta y siete][26] millas de Dawson City.
—Hemos venido porque se nos ha antojado venir —respondió Summy Skim que estaba empezando a no dominarse.
—¿Y si a nosotros no nos gusta encontrarlos? —prosiguió Hunter, cuya voz indicaba una furia difÃcilmente contenida.
—Le guste o no, aquà estamos, y no hemos tenido que pedirle permiso a usted para venir —replicó Summy Skim—. ¡Y tampoco se lo pediremos para quedarnos!