El Volcán de oro
El Volcán de oro Fue, por lo tanto, sobre aquel punto sobre el que se dirigió toda la atención de la defensa. Si se forzaba el paso, si la banda llegaba hasta el límite del bosque, si invadía el campamento, la resistencia acabaría por ser imposible y la ventaja se pondría del lado de los más numerosos.
Por otra parte, Hunter había comprendido que no podía dejar expuestos a sus hombres a un fuego intenso, y les ordenó echarse al suelo. La tierra arrojada a las orillas del canal formaba una especie de terraplén que permitía resguardarse a condición de estar tumbado. Desde allí, practicando pequeñas troneras, estarían en condiciones de dirigir el fuego contra el bosque, aunque no apareciera nadie en posición de ser apuntado directamente. Los dos o tres heridos que se contaron entre las fuerzas del Explorador lo habían sido por balas disparadas al azar.
Entonces Malone y dos de los suyos se dirigieron, deslizándose por el suelo, hacia la presa. Pudieron alcanzarla, y al abrigo detrás de las rocas de la barricada comenzaron a quitar las piedras que fueron cayendo al canal.
Del bosque partieron gran número de disparos que no lograron alcanzarlos. Por ello, Bill Stell, que quería evitar a cualquier precio que cruzaran por la presa, estaba dispuesto a atacar en una lucha cuerpo a cuerpo.