El Volcán de oro
El Volcán de oro Allí, una parada de algunas horas le pareció demasiado corta a Summy Skim, deseoso de conservar algún recuerdo de aquel viaje. Sí, con gusto hubiera consagrado un día o dos para visitar aquella ciudad de cuarenta mil habitantes y las hermosas granjas de los alrededores, en el Western Canada, pero no se puede ir en contra de los horarios del ferrocarril. El tren recogió a sus viajeros, los cuales, en su mayor parte, no viajaban por viajar, sino para llegar a su destino cuanto antes y por el camino más corto. Aquella región, donde la línea une numerosas ciudades pequeñas como Portage la Prairie, Brandon, Ebrehorn, Broadview, importaba poco que estuviera notablemente cultivada, ni que poseyera inmensos hunting grounds, donde los búfalos pastaban a millares. Seguramente Summy Skim hubiera deseado más pasar seis meses allí que seis semanas en Klondike.
—Pues si no hay búfalos en los alrededores de Dawson City —le repetía Ben Raddle—, lo tendrás que compensar cazando alces.
Además, aparecieron otros animales cuando el tren, después de pasar la región de Regina City, se dirigía hacia Crow New Pass, en las Montañas Rocosas, y cruzó los límites de la Columbia Británica —también un país rico en yacimientos de carbón—, tras haber permanecido unas horas en la estación de Calgary City.