El Volcán de oro
El Volcán de oro De esta ciudad sale una ruta que a veces tomaban algunos emigrantes para ir a Klondike. Summy Skim hubiera preferido seguir aquella ruta de cazadores que cruza el distrito de Cassiar, tan célebre desde el punto de vista cinegético. Pasando por Edmonton, Fort Saint John, Peace River, Dease, Francis, Pelly, une el noreste de la Columbia con el Yukón. Pero al ser difícil y larga obliga al viajero a efectuar frecuentes avituallamientos en un recorrido que supera los dos mil kilómetros. Es cierto que esa comarca es particularmente aurífera; se puede lavar oro en casi todos sus cursos de agua; pero está desprovista de recursos y sólo será practicable el día en que el gobierno canadiense haya establecido albergues de etapa cada quince leguas.
Durante la travesía de las Rocosas los viajeros pudieron entrever el monte Stephen, Cathedral Peak, y en las curvas del ferrocarril que ascendía hacia soberbios parajes, particularmente los titanes de Selkirk, eternamente cubiertos con su capuchón de nieve, y glaciares hasta donde llegaba la vista. Y en medio de aquellas soledades reinaba el silence of all life, al que turbaban los relinchos de la locomotora.