El Volcán de oro
El Volcán de oro —En efecto, mi madre y la madre de Ben Raddle eran hermanas suyas. Pero después de su muerte, hace siete u ocho años, perdimos toda relación con nuestro tÃo. Dejó Canadá por Europa. Nos separaron algunos intereses. Desde entonces no volvió a dar noticias; ignoramos lo que ha sido de él.
—Pues bien —respondió monsieur Snubbin—, me acaba de llegar la noticia de su fallecimiento, fechada el 25 de febrero último.
Aunque hacÃa mucho tiempo que se habÃa roto toda relación entre monsieur Josias Lacoste y su familia, aquella información impresionó vivamente a Summy Skim. Su primo Ben Raddle y él mismo no tenÃan ya ni padre ni madre; y ambos, hijos únicos, estaban reducidos a ese parentesco entre primos hermanos estrechado aún más por una Ãntima amistad. Summy Skim bajó la cabeza, con los ojos húmedos, pensando que de toda la familia únicamente quedaban Ben Raddle y él. Por supuesto, en varias ocasiones habÃan intentado averiguar lo que habÃa sucedido con su tÃo, lamentando haber roto todos los lazos con él. Quizá esperaban incluso que el futuro les reservara volver a verle, y en aquel momento la muerte acababa de destruir esa esperanza.