El Volcán de oro
El Volcán de oro El notario Snubbin dejó pues que su cliente reflexionara un momento, esperando que le planteara algunas cuestiones a las que se encontraba dispuesto a responder. Además, no ignoraba nada de aquella familia bien considerada en Montreal, ni tampoco que Summy Skim y Ben Raddle eran los últimos representantes de ella desde la muerte de Josias Lacoste. Ahora bien, como habÃa sido a él a quien el gobernador de Klondike habÃa hecho notificar el fallecimiento del «buscador» al cual pertenecÃa la parcela 129 de Forty Miles Creek, habÃa invitado a los dos primos a que vinieran a su bufete para que tuvieran conocimiento de los derechos que heredaban del difunto.
—Notario Snubbin —preguntó Summy Skim—, la muerte de nuestro tÃo fue el 17 de febrero.
—El 17 de febrero, monsieur Skim.
—¿Hace por lo tanto veintinueve dÃas?
—Veintinueve dÃas, en efecto, ése es el tiempo que ha sido necesario para que me llegara la noticia.
—¿Quiere decir eso que nuestro tÃo estaba en Europa, en lo más profundo de Europa, en alguna comarca lejana? —prosiguió Summy Skim, convencido de que Josias Lacoste no habÃa vuelto a poner los pies en América.
—En absoluto —respondió el notario.
Y le alargó una carta cuyos sellos llevaban el emblema de Canadá.