Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -No..., excepto cuando pasa sobre una driza... Siempre temo que la polea se venga abajo, y con ella la verga. El referido Hunt era hombre que merecÃa que se fijase en él la atención. Cuando recostaba contra los montantes del cabrestante, o en pie en la popa posaba la mano en la rueda del timón, le contemplaba yo no sin verdadera curiosidad. Por otra parte, antojábaseme que él me miraba también con insistencia. No debÃa de ignorar mi condición de pasajero a bordo de la goleta y las circunstancias en que me habÃa asociado a los riesgos de aquella campaña. En cuanto a suponer que él pensara conseguir otro objeto que nosotros, más allá de la isla Tsalal, después que hubiéramos salvado a los náufragos de la Jane..., era inadmisible... Además, el capitán Len Guy no cesaba de repetirle:
-¡Nuestra misión es salvar a nuestros compatriotas! La isla Tsalal. es el único punto que nos atrae, y si Dios nos ayuda, no iremos más allá en las regiones australes. El 10 de Noviembre, a las dos de la tarde, el vigÃa gritó:
-¡Tierra a estribor!
Una buena observación hubiera dado 55º 7’ de latitud y 41º 13’ de longitud Oeste.
Esta tierra no podÃa ser otra que la isla San Pedro, llamada por los ingleses Georgia Austral, Nueva Georgia, isla del Rey Jorge, que por su situación corresponde a las regiones circumpolares.