Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Dada la velocidad de ésta, hubiera sido difÃcil emplear el buitrón o el trasmallo. Pero el contramaestre habÃa hecho poner sedales a popa, y con ello ganaba la cuotidiana comida, con gran satisfacción de los estómagos, algo fatigados por la carne medio salada. Nuestros sedales traÃan gobias, salmones, congrios, bacalaos, escombros, mugos, escaros... Los arpones se hundÃan, ya en los delfines, ya en los marsuinos de negruzca carne, la que no disgustaba a la tripulación, y de la que el filete y el hÃgado son excelentes manjares. Respecto a los pájaros, siempre los mismos, que venÃan de todos los puntos del horizonte, petreles de distintas especies, blancos los unos, azules los otros, de notable elegancia de formas, martines pescadores, bañadores, por millares de millares.
Igualmente un petral gigante, cuyas dimensiones eran para producir algún asombro. Era uno de esos pájaros que los españoles llaman quebrantahuesos. Muy notable por el arqueo y esbeltez de sus anchas alas y sus dimensiones de trece a catorce pies, equivalente a la de los grandes albatros. Tampoco faltaban estos últimos, y entre ellos el albatros de fuliginoso plumaje, huésped de las frÃas latitudes que regresaba a la zona glacial.