Esfinge de los hielos

Esfinge de los hielos

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Diversos sondajes no nos dieron fondo, por más que el contramaestre emplease sondas de 200 brazas. Era una suerte que la dirección de la corriente permitiese a la goleta adelantar poco a poco hacia el Sur, con velocidad de media milla solamente.

Desde seis el sol desapareció tras la opaca cortina de las brumas, más allá de la que continuó describiendo su larga espiral descendente. La brisa no se dejaba sentir; contrariedad que no soportábamos sin vivísima impaciencia. ¿Qué hacer si estos retrasos se prolongaban, si el viento cambiaba? Aquella mar no debía de estar al abrigo de las tempestades, y una borrasca que arrojase la goleta hacia el Norte hubiera ayudado el juego de Hearne y de sus compañeros, justificando, hasta cierto punto, sus quejas.

No obstante, pasada la media noche el viento refrescó y la Halbrane pudo avanzar una docena de millas. Al siguiente día, 24, el punto dio 83º 2’ de latitud y 43º 5’ de longitud. La Halbrane se encontraba, pues, a diez y ocho minutos de arco del yacimiento de la isla Tsalal, o sea menos de un tercio de grado o 20 millas.

Por desgracia, desde el mediodía el viento no nos ayudó. No obstante, gracias a la corriente, la isla Tsalal fue señalada a las seis y cuarenta y cinco de la tarde.


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