Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Entonces, y por primera vez, desde el principio de esta discusión, se oyó la voz de Jem West. Yo no hubiera podido decir si el lugarteniente era de mi opinión y si mis argumentos le habían convencido. El se limitó a preguntar.
-Capitán... Espero sus órdenes.
El capitán Len Guy se volvió a la tripulación. Antiguos y nuevos le rodeaban, mientras Hearne permanecía un poco apartado, dispuesto a intervenir si consideraba oportuna su intervención.
El capitán Len Guy interrogó con la mirada al contramaestre y a sus compañeros, con los que podía contar. Ignoro si en su actitud notó aquiescencia a la continuación del viaje; pero lo oí murmurar:
-¡Si no dependiese más que de mí!... ¡Si todos me asegurasen su concurso!
En efecto: sin una conformidad común no era posible lanzarse a nuevas aventuras.
Hearne tomó entonces la palabra, y, con rudeza, dijo: