Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos XXIX
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La cuestión de la invernada estaba zanjada. De los treinta y tres hombres embarcados a bordo de la Halbrane a su partida de las Falklands, veintitrés habían llegado a aquella tierra, y de éstos trece acababan de huir, a fin de ganar los lugares de la pesca pasado el banco de hielo. ¡Y éstos no eran los que la suerte había designado! ¡No!... ¡Con el objeto de escapar a los rigores de una invernada, ellos habían desertado cobardemente!
Por desgracia Hearne no había arrastrado únicamente a sus camaradas. Dos de los nuestros, el marinero Burry y el maestro velero Martín Holt, se habían unido a él. Martín Holt, tal vez sin darse cuenta de lo que hacía, bajo el golpe de la espantosa revelación que el sealing-master acababa de hacerle.
En suma: la situación no había cambiado para aquellos a los que la suerte no hubiera destinado a partir. No éramos más que nueve: el capitán Len Guy, el lugarteniente Jem West, el contramaestre Hurliguerly, el maestro calafate Hardie, el cocinero Endicott, los dos marineros Francis y Stern, Dirk Peters y yo. ¡Qué pruebas nos reservaba aquella invernada, ahora que se aproximaba el terrible invierno polar!