Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Llegaremos a buen puerto, amigos mÃos; llegaremos a buen puerto. Y si pensáis bien en ello, notaréis que durante nuestro viaje las felices casualidades han superado a las malas. SÃ... Ya lo sé: hay la pérdida de nuestra goleta... ¡Pobre Halbrane, elevada por los aires como una pelota, y precipitada después en el abismo como una avalancha! Pero en compensación hay el ice-berg que nos ha conducido a la costa, y la canoa de Tsalal que nos ha unido al capitán William Guy y a sus tres compañeros. ¡Y tened la seguridad de que la corriente y la brisa que nos han arrastrado hasta aquà nos llevarán más lejos aun!... Me parece que la balanza se inclina a favor nuestro. Con tantos triunfos en el juego no es posible perder la partida. ¡Una sola cosa puede causarnos disgusto, y es que vamos a ser repatriados a Australia o Nueva Zelanda, en vez de ir a arrojar el ancla en las Kerguelen, junto al muelle de Christmas-Harbour, ante el Cormorán Verde!
¡Gran descorazonamiento, en efecto, para el amigo Atkins; fastidiosa eventualidad!
Durante ocho dÃas la ruta fue mantenida sin desviación al Oeste, ni al Este, y en el 21 de Marzo la Paracuta perdió a babor la vista de Halbrane-Land. Doy siempre tal nombre a esta tierra, puesto que su litoral se prolongaba sin discontinuidad hasta aquella latitud, y no era dudoso para nosotros que constituÃa uno de los vastos continentes de la Antártida.