Familia sin nombre

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En fin, el Sr. Nick llamó a Lionel, que sin duda corría por las calles del parque detrás del sagrado batallón de las musas, y ambos, remontando la orilla izquierda del San Lorenzo, tomaron de nuevo el camino de Laval.

Después de tres cuartos de hora de marcha llegaron al sitio en que atracaba el toc, en el momento en que desembarcaban los Sres. Vicente Hodge, Clerc y Farran que se dirigían a la villa Montcalm.

Cruzándose con ellos, el notario fue saludado con un inevitable y cordial «buenos días, Sr. Nick». Después de atravesar el río subió otra vez al coche de Tom, llegó a su casa del Mercado del Buen Socorro en el instante preciso en que su anciana sirvienta, mistress Dolly, ponía la humeante sopa en la mesa.

El Sr. Nick se sentó en seguida en su ancho sillón, y Lionel se colocó enfrente de él, mientras el buen señor tarareaba:

Nacer contigo, loquilla llama,

Morir contigo, fuego fatuo.

El notario fue saludado con un inevitable y cordial «Buenos días, señor Nick».

—Sobre todo, —añadió—, si te tragas algunos versos durante la comida, ten mucho cuidado con las espinas.


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