Familia sin nombre
Familia sin nombre EL DESCONOCIDO
Cuando Vicente Hodge, William Clerc y Andrés Farran llegaron a la villa Montcalm, el señor de Vaudreuil los recibió solo, pues Clary acababa de subir a su habitación.
Puesta a la ventana, que estaba abierta de par en par, la joven dejaba vagar su mirada a través de la campiña, cuyo horizonte se hallaba limitado por la sierra de los Laurentidas.
El recuerdo del ser misterioso de que acababan de hablar, ocupaba por entero su pensamiento. Lo habían visto en la comarca, y como se le perseguía con actividad en la isla de Montreal, quizás trataría de buscar un refugio en la de Jesús, para lo cual le bastaba atravesar uno de los brazos del río y en tal caso iría tal vez a pedir asilo a la villa Montcalm, pues no podía dudar de que allí tenía amigos que se considerarían muy felices al acogerte. Pero ¿no se expondría a mayores peligros albergándose en la quinta del señor de Vaudreuil, presidente del Comité reformista? La morada de éste debía de ser particularmente vigilada, y, sin embargo, Clary tenía el presentimiento de que Juan Sin Nombre iría, aunque no fuera más que por un día, por una hora. Y con la imaginación sobrexcitada, deseosa de encontrarse sola, había abandonado el salón antes de que los amigos de su padre fuesen introducidos en él.