Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Por prudencia, sÃ, —replicó el patrón del Champlain—, porque el tiempo va a cambiar!
—Eso ya es otra cosa, —contestó Juan.
—Mira, —repuso Pedro—. La borrasca de Noreste no tardará en levantarse, y tengo asà como un presentimiento de que ya a ser muy dura. Lo adivino. ¡Oh! Hemos arrostrado otras muchas, pero es menester pensar en nuestra barca, y no quiero exponerla a que se pierda en las rocas de la Rivière-du-Loup o de Kamouraska.
—¡Pues bien, sea! —respondió Juan—. Alcancemos la orilla del Norte por el lado de Tadousac, si es posible, y desde allà remontaremos la corriente del Saguenay hasta Chicoutini; no perderemos ni mucho tiempo ni gran trabajo.
—¡Vamos pronto, entonces! —exclamó Miguel—. Pedro tiene razón, ese bribón de Noreste no tardará en llegar, y si tomara al Champlain por el costado hacÃamos cien veces más camino hacia Quebec que el que hay basta Tadousac.
Juan entregaba más dinero que el que sus compañeros recibÃan.
Las velas fueron orientadas lo mejor posible, y poniendo la proa en dirección del Norte, la balandra empezó a ir en contra del viento, que se alargaba cayendo poco a poco.