Familia sin nombre
Familia sin nombre —Tal vez sea una cage… —dijo Santiago.
—Si asà fuera, —replicó Remigio—, es un motivo más para evitarla. DifÃcil serÃa desenredarnos si nos cogiese. ¡Vamos, recojamos pronto!
Y, en efecto, el Champlain hubiera con seguridad perdido sus redes, si los hermanos Harcher no se hubiesen apresurado a subirlas a bordo sin darse siquiera el tiempo de sacar los peces enredados entre las mallas. No habÃa un instante que perder, pues la luz se encontraba apenas a doscientas o trescientas brazas de distancia.
Se llaman cages en el Canadá, a las balsas de madera compuestas de sesenta o setenta cribs, es decir, secciones a manera de trenes, cuyo conjunto comprende por lo menos mil pies cúbicos. Desde el dÃa; en que el deshielo permite navegar por él rÃo, numerosos cages bajan hacia Montreal o Quebec, procedentes de aquellos inmensos bosques del Oeste, que son una de las inagotables riquezas de la provincia canadiense.
Esas cages, esas balsas enormes; se forman con troncos de árboles escuadrados en el bosque por el hacha del leñador, o con vigas y tablas aserradas en las fábricas establecidas, utilizando las caÃdas de las Calderas en el rÃo Outaouais.