Familia sin nombre
Familia sin nombre Millares de esos trenes bajan asà desde Abril hasta mediados, de Octubre, evitando las corrientes demasiado fuertes o los saltos del agua, por medio de resbaladeros construidos sobre el fondo de estrechos canales de rápida pendiente. Si bien algunas de estas cages se detienen en Montreal para proveer al cargamento de los buques que transportan aquellas maderas a los mares de Europa, la mayor parte siguen hasta Quebec, pues es donde está el centro de explotación de los buques, cuyo rendimiento suma cada año veinticinco o treinta millones de pesetas en provecho del comercio canadiense.
Esos trenes de madera son un gran estorbo para la navegación por el rÃo, sobre todo cuando penetran en alguno de los brazos intermedios, cuya anchura suele ser muy reducida. Abandonados a la corriente del reflujo, mientras dura es casi imposible dirigirlos. Los buques, barcas pescadoras y otros tienen que tener, pues, el cuidado de separarse de su paso si no quieren arriesgar un abordaje que les causarÃa serias averÃas. Se comprende por qué los hermanos Harcher no titubearon en recoger sus redes, tendidas al paso de la cage, que la calma les impedÃa evitar.
Santiago no se habÃa equivocado; era, en efecto, una balsa que bajaba el rÃo. Un farol, colocado a proa, indicaba el rumbo que seguÃa, y no estaba más que a unas veinte brazas de distancia cuando nuestros pescadores acabaron de recoger sus redes.