Familia sin nombre
Familia sin nombre Entonces, en medio del silencio de la noche, una voz bien timbrada entonó esa antigua canción del paÃs, que es, según hace notar el Sr. Reveillaud, un verdadero canto nacional, si bien (preciso es confesarlo), lo es más por el tono que por las palabras. Era fácil conocer por su acento y por el modo de pronunciar con la boca muy abierta el diptongo ai, que el cantor, que no era otro que el patrón de la cage, era canadiense de origen francés.
He aquà lo que cantaba:
Volviendo de las bodas
estaba muy cansado,
y a la clara fuente
me fui a descansar…
Juan conoció sin duda la voz del que cantaba, porque acercándose a Pedro Harcher en el momento en que el Champlain dejaba caer sus remos para apartarse de la cage:
—Aborda, —le dijo.
—¿Que aborde…? —replicó Pedro.
—¡SÃ…!, ¡es Luis Lacasse…!
—¿Vamos a conversar con él…?
—Cinco minutos nada más, —respondió Juan—. No tengo más que decirle algunas palabras.
En un instante Pedro Harcher, después de un golpe dado en el timón, se aproximó al tren de madera, en el que amarró al Champlain por la proa.