Familia sin nombre
Familia sin nombre El cantor, viendo esa maniobra, interrumpió su canción para gritar:
—¡Eh, los de la balandra…! ¡Tened cuidado!
—¡No hay peligro, Luis Lacasse! —respondió Pedro Harcher; es el Champlain.
De un salto Juan acababa de subir al tren de maderas, reuniéndose con el patrón, que le dijo en cuanto pudo conocerle, merced a la luz del farol:
—Siempre estoy pronto a serviros, señor Juan.
—Gracias, Lacasse.
—Contaba encontraros en el camino y estaba decidido a esperar al Champlain en mi próxima parada durante la marea alta; pero puesto que estáis aquÃ…
—¿Está todo a bordo? —preguntó Juan.
—¡Todo, y bien oculto entre los maderos y las vigas…!
Reconoció a Juan a la luz del farol.
—Está muy bien arreglado, os lo aseguro, —añadió Luis Lacasse, sacando un eslabón para encender su pipa.
—Los aduaneros, ¿han practicado algún registro?
—SÃ… en Verchères… Se quedaron lo menos media hora charla que te charla… Pero nada han visto… está todo como en una caja…
—¿Cuánto…? —preguntó Juan.