Familia sin nombre
Familia sin nombre —Está entendido, —respondió Juan—. Antes de llegar a Quebec ya habrás entregado los últimos fusiles y el último barril de pólvora.
—Entonces todo va bien.
—Dime, Luis Lacasse, ¿tienes confianza en los hombres que te acompañan?
—Como en mà mismo. Son verdaderos Juan Bautista[1]; mas no se quedarán atrás cuando haya que tirar tiros.
Juan le entregó entonces cierta cantidad de piastras, que el bravo marinero dejó caer, sin contarlas, en el bolsillo de su ancha blusa.
Después, vigorosos apretones de mano se cambiaron con la tripulación de la balandra.
Juan se embarcó de nuevo en el Champlain, que se alejó en dirección a la orilla izquierda, y mientras que la balsa seguÃa la corriente, se oyó de nuevo la voz sonora de Luis Lacasse, que repetÃa:
Y a la clara fuente
me fui a descansar.