Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Entonces no podéis ignorar el crimen cometido por Simón Morgaz!
—¿Quién lo ignora en el Canadá?
—Nadie, en verdad, caballero. ¿Sois de los condados del Este?
—SÃ; de allà soy: del Nuevo Brunswick.
—Está lejos, muy lejos… Tal vez no supierais que esa casa habÃa sido destruida.
—¡No! Una desgracia… sin duda…
—Nada de eso, caballero, nada de eso, —repuso el anciano.
Tal vez hubiera sido mejor que cayera en ella el rayo, lo que hubiera sucedido un dÃa u otro, puesto que Dios es justo.
Pero se han adelantado a su justicia, y al dÃa siguiente en que Simón Morgaz fue echado de Chambly con su familia, prendiéronla fuego: Después, para que sirviera de ejemplo y para que no se olvide jamás la traición de aquel malvado; han dejado las ruinas en el estado en que las estáis viendo, y está prohibido acercarse a ellas; pero no era necesaria esa prohibición, pues tal es el horror que este sitio inspira, que nadie es capaz de entrar en él.
Juan, completamente inmóvil, escuchaba aquel relato, que le partÃa el corazón. La animación con que hablaba el anciano demostraba bien el odio que se conservaba a todo cuanto habÃa pertenecido a Simón Morgaz.