Familia sin nombre
Familia sin nombre El anciano, según se ve, era bastante hablador; pero iba ya a despedirse de Juan, deseándole un feliz viaje, cuando éste le detuvo, diciéndole:
—Amigo mÃo, ¿habéis conocido a la familia de ese Simón Morgaz?
—SÃ, señor; mucho. Tengo setenta años, y tenÃa cincuenta y ocho cuando sucedió lo que sabéis ya. He vivido siempre en este paÃs, que lo era también suyo, y jamás, jamás hubiera pensado que dicho señor Simón fuera capaz de tal cosa.
¿Qué ha sido de él? ¡No lo sé! Tal vez haya muerto… Tal vez se haya expatriado, bajo un nombre supuesto, para que no le echaran el suyo al rostro. ¡Pero su pobre mujer, sus hijos!
¡Ah, desgraciados, qué lástima me inspiran…! La señora Bridget, tan buena, tan generosa, aun cuando no gozaba más que de una mediana fortuna… ¡Ella que era tan querida de todos… ella que encerraba en su corazón el más ardiente patriotismo…! ¡Cuánto ha debido sufrir aquella pobre mujer; cuánto ha debido sufrir!