Familia sin nombre
Familia sin nombre Todo estaba pronto para la ceremonia del bautizo, y si Juan no llegaba aquella tarde, no sabrÃan qué hacer.
Tomás y Catalina hablaron entonces de ese inexplicable retraso.
—¿Qué haremos si no llega antes de las tres? —preguntó el arrendador.
—Esperaremos, —respondió sencillamente Catalina.
—¿Esperar? ¿Qué?
—Seguramente que no será la llegada de un vigésimo séptimo hijo, —replicó la cortijera.
—Tanto más, —repuso Tomás—, cuanto que, sin que puedan tildarnos, bien puede ser que no llegue nunca.
—¡Bromead, Sr. Harcher, bromead!
—¡No hago tal! Pero si Juan tardara demasiado, será necesario, tal vez, pasarla sin él.
—¡Pasarse sin él! —exclamó Catalina—. Nada de eso; y cómo tengo empeño en que sea el padrino de uno de nuestros hijos, esperaremos que venga para bautizar a éste.
—Sin embargo; ¿y si no viniera? —dijo Tomás—, que no querÃa que el bautizo se aplazara indefinidamente. ¿Si algún negocio le imposibilita para…?