Familia sin nombre
Familia sin nombre —No hagas malos pronósticos, Tomás, —interrumpió la buena mujer—, y ten un poco de paciencia, ¡qué demonio! Si no se bautiza hoy, se bautizará mañana.
—¡Bueno! Mañana, Clemente y Cecilia, el decimosexto y la decimaséptima, harán su primera comunión.
—Pues bien, será para pasado mañana.
—Pasado mañana se celebrará la boda de nuestra hija Rosa con el buen Bernardo Miquelon.
—¡Basta ya, Tomás! Si es preciso, todo se hará a un tiempo, porque cuando quiere la suerte que nuestro hijo tenga un padrino como Juan y una madrina como la señorita Clary, no sé por qué quieres apresurarte a darle otros.
—¿Y qué dirá el señor cura, que nos espera hoy? —replicó a su intratable cónyuge.
—Eso corre de mi cuenta, —repuso Catalina—; nuestro párroco es un excelente hombre, y además no perderá su diezmo, ni querrá disgustar a tan buenos feligreses como nosotros.
El hecho es que pocos vecinos habÃan dado tanto que hacer al señor cura como Tomás y Catalina con sus veintiséis hijos.