Familia sin nombre
Familia sin nombre
Un salvaje apareció en el umbral.
—¡Eh! ¿Qué se os ofrece, hurón? —exclamó el cortijero, cuando el indio, después de acercarse, le dio con toda solemnidad el tradicional apretón de mano.
—Tomás Harcher se servirá, sin duda, responder a la pregunta que voy a hacerle, —replicó el hurón, con esa voz gutural peculiar a los de su raza.
—No tengo inconveniente en hacerlo asÃ, —contestó Tomás, si mi respuesta puede interesaros.
—Mi hermano me escuchará, y hará después lo que más le convenga.
Esa forma de lenguaje, en que el salvaje no hablaba si no en tercera persona, su aire digno y su actitud para pedir, probablemente, un informe de los más sencillos, bastaban para conocer en él uno de los descendientes de las cuatro grandes naciones que poseÃan en otros tiempos el territorio del Norte de América, que se dividÃan entonces en Algonquines, Hurones, Montagnais e Iroqueses, que comprendÃan estas diversas tribus: Mohawks, Oneidas, Onondagas, Tuscaroras, Delawares, Mohicanos, que se ven figurar más particularmente en los relatos de Fenimore Cooper. En la actualidad no quedan más que algunos restos diseminados de aquellas antiguas razas.