Familia sin nombre
Familia sin nombre Después de un instante de silencio, el indio, dando a su gesto una amplitud caracterÃstica, tomó de nuevo la palabra.
—Según se nos ha dicho, mi hermano conoce al notario Nicolás Sagamore, de Montreal.
—Tengo ese honor, hurón.
—¿No debe venir aquà un dÃa de éstos?
—En verdad que sÃ.
—¿PodrÃa decirme mi hermano si ha llegado ya?
—TodavÃa no, —respondió Tomás Harcher—. No le esperamos hasta mañana, para hacer el contrato de boda de mi hija, Rosa y de Bernardo Miquelon.
—Doy las gracias a mi hermano por sus informes.
—¿Tenéis alguna comunicación importante que hacer al Sr. Nick?
—Muy importante, —respondió el hurón—. Mañana los guerreros de la tribu saldrán de Walhatta y vendrán a hacerle una visita.
—Siempre seréis bien recibidos en el cortijo de Chipogán, —respondió Tomás Harcher.
Después de apretar de nuevo la mano del cortijero, el hurón se retiró con gravedad.
Apenas habÃa transcurrido un cuarto de hora desde que el indio se marchó, cuando la puerta se abrió de nuevo. Esta vez era Juan el que llegaba, y su presencia fue acogida por unánimes gritos de alegrÃa.