Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡SÃ… tal vez…!
—SerÃa difÃcil descubrir vuestro retiro en medio de la numerosa familia de nuestro arrendador…
—Sin duda; pero si por desgracia esto sucediera, podrÃan resultar de ello graves consecuencias para Tomás Hacher.
¡Ignora, que yo soy Juan Sin Nombre, cuya cabeza está pregonada…!
—¿Creéis, pues, —replicó Clary con viveza—, que si lo supiera titubearÃa…?
—No, no, —repuso Juan—. Sus hijos y él son buenos patriotas; los tengo bien probados durante nuestra campaña de propaganda. Pero no quisiera que Tomás Harcher fuese vÃctima de su afecto por mÃ, y si la policÃa me encontrara en su casa, le apresarÃa. Pues bien, no: me entregarÃa antes.
—¡Entregaros! —murmuró Clary con una voz que expresaba dolorosamente lo que pasaba en su alma.
Juan bajó la cabeza, porque comprendÃa demasiado bien de que naturaleza era el sentimiento a que se entregaba a pesar suyo, y el lazo que le unÃa más y más a Clary de Vaudreuil. Y, sin embargo, ¿podÃa él amar a aquella joven? ¡El amor de un hijo de Simón Morgaz! ¡Qué oprobio! ¡Y qué traición también, puesto que no le habÃa dicho a que familia pertenecÃa…! ¡No…! ¡Era preciso huir, no volverla a ver jamás…! Y cuando fue dueño de sà mismo, dijo: