Familia sin nombre
Familia sin nombre —Mañana, durante la noche, abandonaré el cortijo de Chipogán y no volveré a aparecer hasta la hora de la lucha. ¡Entonces ya no tendré que ocultarme!
La cara de Juan, que se habÃa animado un instante, tomó de nuevo su calma habitual.
Clary le miraba con una indefinible expresión de tristeza. Hubiera querido conocer mejor la vida del joven patriota.
Pero ¿cómo interrogarle sin herirle, tal vez, con alguna pregunta indiscreta?
Sin embargo, después de tenderle la mano, que él apenas rozó con la suya, le dijo:
—Juan, perdonadme si mi simpatÃa para vos me hace abandonar una reserva que debiera guardar. Existe un misterio en vuestra vida, un pasado lleno de desgracias… ¡Juan, habéis sufrido mucho…!
—¡MuchÃsimo! —respondió el joven.
Y como si esta confesión hubiera sido involuntaria, añadió en seguida:
—¡SÃ, mucho he sufrido, puesto que todavÃa no he podido hacer a mi paÃs todo el bien que tiene derecho a esperar de mÃ!
—¡El derecho de esperar de vos…! —replicó la señorita de Vaudreuil—. ¡El derecho de esperar de vos…!