Familia sin nombre
Familia sin nombre —SÃ, de mÃ, —replicó Juan—, como de todos los canadienses, cuyo deber es sacrificarse para devolver a su paÃs su perdida independencia.
La joven comprendió cuántas angustias se ocultaban en ese arranque de patriotismo. Hubiera querido conocerlas, participar de ellas, para suavizarlas tal vez. Pero ¿qué podÃa hacer ella, persistiendo Juan en no responder más que con evasivas?
Sin embargo, Clary creyó poder añadir, sin faltar a la reserva que le imponÃa la situación del joven:
—Juan, tengo la esperanza de que la causa nacional obtendrá el triunfo.
Ese triunfo lo deberá, sobre todo, a vuestros sacrificios, a vuestro valor y al ardor que habéis sabido inspirar a sus partidarios. Entonces tendréis derecho a su agradecimiento.
—¡Su agradecimiento, Clary de Vaudreuil! —exclamó Juan alejándose por un brusco movimiento—. ¡No, jamás!
—¡Jamás…! Si los franco-canadienses que habréis hecho libres, os piden que seáis su jefe…
—Rehusaré.
—No podréis.
—¡Rehusaré, os digo! —repitió Juan con tono tan afirmativo, que Clary se quedó cortada.
Entonces el joven repuso con más dulzura: