Familia sin nombre

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Luego la comitiva llegó al cortijo procesionalmente, Rosa Miquelon del brazo de su marido, sin que ningún incidente desagradable viniera a turbar la alegría de aquella familia.

Al llegar a casa de Tomás Harcher, cada cual se fue por donde mejor le convino, teniendo el Sr. Nick algún trabajo para separarse de sus hermanos Mahogannis, para ir a respirar más a gusto en la sociedad de sus amigos de raza canadiense; y más aburrido que nunca, no cesaba de repetir el señor de Vaudreuil:

—¡En verdad que no sé cómo desembarazarme de estos salvajes!

Mientras cada cual se divertía a su manera, si alguno estuvo en extremo ocupado, regañado desde las doce a las tres, hora en que había de servirse la comida de boda conforme a las antiguas costumbres, ése fue el buen Tomás Harcher; pues si bien Catalina y sus hijas se apresuraron a prestarle ayuda, los cuidados que ofrecía un festín de aquella importancia no le dejaron un minuto de reposo. Y, en efecto, no sólo era preciso contentar muchos estómagos, sino que era necesario satisfacer gustos muy diferentes; así es que el menú comprendía la variedad ordinaria, y extraordinarios de los manjares que produce el suelo canadiense.

A la cabeza marchaban Bernardo Miquelón y Rosa Harcher .


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