Familia sin nombre
Familia sin nombre En la inmensa mesa, en la que ciento cincuenta convidados iban a sentarse, estaban dispuestas otras tantas cucharas y tenedores envueltos en blanquísima servilleta, y un vaso de metal. Ningún cuchillo se veía allí, por la sencillísima razón de que cada cual había de usar su navaja; tampoco había pan, pues la galleta amasada con azúcar de arce es la única admitida en las comidas de boda. Manjares cuya nomenclatura vamos a indicar, unos fríos, estaban colocados ya en la mesa, mientras que los calientes se servirían uno después de otro.