Familia sin nombre
Familia sin nombre La vasta sala del festín nupcial había sido artísticamente decorada en honor de Rosa y de Bernardo Miquelon. Frescas guirnaldas de hojas y flores adornaban las paredes; algunos arbustos parecían haber crecido a propósito en los ángulos; centenares de ramos de flores, colocados delante de las ventanas, embalsamaban el aire, y fusiles, pistolas, carabinas, todas las armas de una familia que contaba en su seno a tantos cazadores, formaban acá y allá brillantes panoplias.
Los nuevos cónyuges ocupaban el centro de la mesa, formando herradura. A ambos lados de los recién casados se hallaban la señorita y el señor de Vaudreuil, Juan y sus compañeros del Champlain. Enfrente, entre Catalina y Tomás Harcher, presidía el Sr. Nick, acompañado de los principales guerreros de su tribu, deseosos, sin duda, de ver cómo funcionaba su nuevo jefe; y respecto a esto, Nicolás Sagamore estaba dispuesto a demostrar un apetito digno de sus ascendientes.
En contra de la tradición, y merced a la circunstancia excepcional de la fiesta de familia que se estaba celebrando, los niños habían sido admitidos a la mesa de los mayores, en derredor de la que circulaba un verdadero escuadrón de negros, que se habían buscado para el servicio especial de la comida.