Familia sin nombre
Familia sin nombre En medio de las incesantes aclamaciones de los invitados y del tumulto, siempre creciente, nadie se había enterado de esta conversación, sostenida en voz baja y que no había sido interrumpida más que por algún alegre brindis, por una picante contestación o por una copla dirigida a los nuevos esposos. Y ahora parecía ya tocar a su fin, después de las últimas palabras cambiadas entre Juan y el señor de Vaudreuil, cuando una postrer pregunta de Clary provocó una respuesta de naturaleza a sorprender al padre y a la hija.
¿A qué sentimiento obedeció la joven haciendo esa pregunta?
Era, si no una sospecha, por lo menos el pesar de que no inspiraba todavía bastante confianza a Juan, puesto que éste conservaba aún con ella cierta reserva.
Debía de ser así, pues la joven le dijo:
—¿De modo que hay en alguna parte una casa más hospitalaria que la nuestra para ofreceros un asilo?
—Más hospitalaria… no; tanto, sí, —respondió Juan con viva emoción.
—¿Y cuál es?
—¡La casa de mi madre!