Familia sin nombre
Familia sin nombre Juan pronunció estas palabras con un sentimiento tal de afecto filial, que la señorita de Vaudreuil se sintió profundamente enternecida. Era la primera vez que Juan, cuyo pasado estaba envuelto en el misterio, hacía alusión a su familia. No estaba, pues, solo en el mundo, como podían creerlo sus amigos; tenía a su madre, que vivía escondida en el pueblo de San Carlos, y sin duda Juan iba a verla de vez en cuando para disfrutar al lado de la que le había dado el ser de algunos momentos de reposo y de tranquilidad, y ahora esperaría en la casa materna el instante propicio para lanzarse a la lucha.
Un hombre se hallaba de pie en el umbral.
Clary nada contestó; su pensamiento estaba fijo en aquella lejana morada. ¡Ah! ¡Qué alegría hubiese experimentado en conocer a la madre del joven proscrito! Se le figuraba que había de ser una mujer heroica, como su hijo, una buena patriota, que hubiera amado, o más bien que amaba ya, y la joven tenía la certidumbre de que la vería algún día.
¿No estaba su vida indisolublemente ligada en adelante a la de Juan Sin Nombre? ¿Quién podría romper este lazo? ¡Sí!
En el momento de separarse de él, tal vez para siempre, se daba cuenta del poder del sentimiento que a ambos unía.