Familia sin nombre
Familia sin nombre En medio de todo este tumulto, Juan se quedaba inmóvil al lado de Clary, que no habÃa querido separarse de él.
En el momento en que los agentes iban a invadir la sala, el Sr. Nick intentó un último esfuerzo para llegar a una avenencia.
—Señor Rip, Sr. Rip, —dijo—, vais a hacer que se vierta sangre, y bien inútilmente, os lo aseguro. Os repito que Juan Sin Nombre, que tenéis orden de prender, no se halla en el cortijo.
—¡Y aun cuando estuviera, os repito yo, le defenderÃamos hasta la muerte! —exclamó Tomás Harcher.
—¡Bien…! ¡Bien…! —exclamó a su vez Catalina, entusiasmada por la actitud de su marido.
—No os entrometáis en este asunto, Sr. Nick; —replicó Rip—, porque podrÃais arrepentiros por ello más tarde… ¡Suceda lo que suceda, cumpliré con mi deber…! ¡Y ahora, paso… paso…!
Unos diez agentes entraron en la sala, mientras que Tomás Harcher y sus hijos se lanzaban hacia ellos para rechazarlos y cerrar la puerta.
Y, moviéndose de un lado a otro, el notario repetÃa, sin llegar a hacerse oÃr:
—Juan Sin Nombre no está aquÃ, señor Rip, os afirmo que no está…
—¡Sà está! —dijo una voz fuerte que dominó el tumulto.