Familia sin nombre
Familia sin nombre Todos se detuvieron.
Juan, inmóvil, con los brazos cruzados sobre el pecho, y mirando de frente a Rip, repuso sencillamente:
—Juan Sin Nombre está aquÃ, y soy yo.
El señor de Vaudreuil cogió al joven patriota de un brazo, mientras que Tomás Harcher y los demás exclamaban:
—¡Eh…! ¡Eh…! ¡Juan Sin Nombre!
Éste indicó con un gesto que iba a hablar, y hubo profundo silencio.
—Yo soy el que buscáis, —dijo—, dirigiéndose a Rip. Soy Juan Sin Nombre.
Después, volviéndose hacia el cortijero y sus hijos, añadió:
—Perdonadme, Tomás Harcher; perdonadme, mis bravos compañeros, por haberos ocultado quién soy, y os doy las gracias por la hospitalidad que he encontrado durante cinco años en el cortijo de Chipogán. Esta hospitalidad la he aceptado mientras no ha podido ser peligrosa para vosotros; no la quiero ya, puesto que hay pena de la vida para cualquiera que me ofrezca un asilo. SÃ: recibid las gracias de aquel que hasta aquà fue vuestro hijo adoptivo, y que es Juan Sin Nombre para su paÃs…
Un indescriptible movimiento de entusiasmo acogió esta declaración.
—¡Viva Juan Sin Nombre! ¡Viva Juan Sin Nombre! —exclamaron por todos lados.