Familia sin nombre
Familia sin nombre Luego, cuando cesaron los gritos, dijo Tomás Harcher:
—Pues bien; ahora, puesto que he dicho que defenderÃamos a Juan Sin Nombre, defendámosle, hijos mÃos. ¡Defendámosle hasta la muerte!
Juan se interpuso en vano para impedir una lucha por demás desigual. Ningún caso le hicieron; Pedro y los demás hijos mayores se lanzaron sobre los agentes que obstruÃan la puerta, y los rechazaron, con la ayuda de sus amigos. Cerraron en seguida la puerta, y la atrancaron con los muebles de más volumen. Para introducirse en la sala, y hasta en la casa, era preciso entrar por las ventanas, que se abrÃan a unos diez pies del suelo.
Rip tenÃa, pues, que dar un asalto, y como no era hombre que retrocediera, y favorecido además por la oscuridad (la noche habÃa llegado ya), tomó sus medidas para ejecutar su mandato, lanzando a los voluntarios contra la casa.
Pedro Harcher, sus hermanos y sus compañeros, apostados en las ventanas, estaban prontos a empezar el fuego.
—¡Te defenderemos, a pesar tuyo, si es preciso! —decÃan a Juan, que no era ya dueño de detenerlos.