Familia sin nombre
Familia sin nombre Sin embargo, el cortijero habÃa conseguido que Clary de Vaudreuil y Catalina fueran a reunirse con las demás mujeres y los niños en una de las habitaciones laterales en donde estarÃan al abrigo de los tiros, no quedando ya en la sala sino los hombres en estado de batirse, unos treinta entre todos, pues no se podÃa contar con los Mahogannis para defender el cortijo. Indiferentes a esta escena, los indios conservaban su reserva habitual. Este asunto no les incumbÃa, ni tampoco al señor Nick ni a Lionel, que no tenÃan por qué pronunciarse en pro o en contra de la autoridad.
El notario, guardándose para no recibir algún tiro, puesto que estaba resuelto a conservar la más completa neutralidad, no cesaba de interpelar a Lionel, que estaba fuera de sÃ; pero el joven pasante no le hacÃa caso, queriendo defender a todo trance en Juan Sin Nombre, no solamente al héroe popular, sino también al simpático oyente que tan buena acogida habÃa hecho a sus ensayos poéticos.
—¡Por última vez te prohÃbo que te entrometas en todo esto! —repitió el Sr. Nick.
—¡Y por última vez, —respondió Lionel—, me admira que un descendiente de los Sagamores rehúse seguirme por los senderos de la guerra!