Familia sin nombre
Familia sin nombre Tan sólo una no se abrió; ésta era Casa Cerrada; situada en un extremo del pueblo, a la revuelta de la carretera, y por consiguiente algo lejos del campamento. La vivienda de Bridget estaba, por esta razón, menos en peligro que las casas inmediatas para el caso de que la población fuese atacada y forzada por las tropas realistas.
Bridget esperaba los acontecimientos con su acostumbrada resignación, pronta a recibir a sus hijos si las circunstancias obligaran a éstos a ir a pedirle asilo; pero a la sazón el abate Joann visitaba las parroquias del Alto Canadá, predicando en favor de la insurrección, y Juan, no ocultándose ya, había aparecido de nuevo a la cabeza de sus partidarios. Su nombre corría de boca en boca a través de los condados de San Lorenzo, y por más que la casa de su madre estuviese constantemente cerrada, ese nombre llegó hasta allí, y con él la noticia de la victoria de San Dionisio, a la que estaba íntimamente unido.
Bridget se preguntaba a sí misma si Juan acudiría al campamento de San Carlos; si le haría una visita; si traspasaría el umbral de su casa para decirle lo que había hecho, lo que pensaba hacer, y para abrazarla de nuevo. En realidad esto dependería de las fases que presentara la insurrección; así es que la pobre madre estaba pronta a cualquier hora del día o de la noche a recibir a su hijo en Casa Cerrada.