Familia sin nombre
Familia sin nombre Sin embargo, antes de atacar a San Carlos, el teniente coronel Witherall mandó a Brown y a sus compañeros un mensaje en el que les decía que, si querían someterse, nada se les haría.
Esta proposición fue rechazada por unanimidad; Brown y los suyos pensaron que cuando los realistas, después de lo ocurrido en San Dionisio, venían con arrogancia y les ofrecían misericordia, era seguro que se sentían incapaces de forzar el campamento.
¡No! No se les permitiría llegar a San Carlos para llevar allí a cabo sangrientas represalias, sino que, en cuanto se presentara la columna de Witherall, sería rechazada, dispersa; y la nueva derrota que esperaba a los realistas, derrota completa esta vez, aseguraría la victoria definitiva. Así se pensaba y se hablaba en las filas de los patriotas.
Y en verdad que los defensores del campamento no eran muy numerosos: un puñado de hombres; pero lo más selecto del partido. Entre jefes y soldados sumaban apenas doscientos, armados con hoces, picas, palos y fusiles de chispa; y para responder a la artillería realista disponían tan sólo de dos cañones casi inservibles.