Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Hasta morir! —respondió Juan Sin Nombre.
En este momento las primeras detonaciones sonaron muy cerca, y pudo comprenderse que desde el principio los realistas iban a maniobrar con gran ventaja.
Y, en efecto, exponerse al fuego de los insurrectos, que, apostados detrás de los agrupados árboles, habÃan matado ya algunos soldados, hubiera sido una gran torpeza por parte del teniente coronel Witherall, al cual, disponiendo de trescientos o cuatrocientos soldados de caballerÃa y de dos piezas de artillerÃa, le era muy fácil dominar el campamento de San Carlos y aplastar a sus defensores. No es de extrañar, pues, que, comprendiéndolo asÃ, diese orden de dar la vuelta a las trincheras, para tomar posición en la colina de que ya hemos hablado.
Este movimiento se ejecutó sin ninguna dificultad. Los dos cañones fueron subidos a la cima, puestos en baterÃa, y el combate empezó con igual energÃa por ambas partes. Todo esto se hizo con tal rapidez, que Brown, ocupado en reclutar a los fugitivos esparcidos por la campiña, no pudo reunirse con los suyos, teniendo que refugiarse en San Dionisio.