Familia sin nombre
Familia sin nombre Esto pensó Bridget. Clary de Vaudreuil debÃa ignorarlo, y serÃa por ella por quien lo sabrÃa; iba a ser, pues, la mensajera de la desgracia.
La viuda de Simón Morgaz subió los peldaños de una escalerita colocada en un ángulo de la casa, y llamó a la puerta; pero viendo que no contestaban, llamó segunda vez.
Al poco rato se oyeron pasos en el vestÃbulo, que se alumbró débilmente, y una voz preguntó:
—¿Qué queréis?
—Ver al señor juez.
—No está en San Dionisio, y durante su ausencia no me es lÃcito abrir.
—Tengo gravÃsimas noticias que comunicarle, —repuso Bridget insistiendo.
—Se las daréis cuando vuelva.
La determinación de no abrir parecÃa tan formal, que la pobre mujer no titubeó en servirse del nombre de Clary.
—Si el señor Froment no está en su casa, —dijo—, la señorita Clary de Vaudreuil debe de hallarse en ella, y es preciso que yo la hable sin pérdida de tiempo.
—La señorita de Vaudreuil se ha marchado, —le respondieron, después de titubear un instante.
—¿Se ha ido?
—Ayer mismo.