Familia sin nombre
Familia sin nombre —¿Quién os envÃa, señora?
—Ya os lo he dicho… Juan… Soy su madre…
—¡Vos! —exclamó Clary.
—Leed. —Clary tomó la esquela que le ofrecÃa la anciana.
Era, en efecto, la letra, que tan bien conocÃa, del joven proscrito.
Confiaos a mi madre… decÃa.
Pero ¿cómo se hallaba el señor de Vaudreuil en aquella morada? ¿SerÃa Juan quien le habÃa salvado, arrastrándole fuera del campo de batalla para llevarle después a Casa Cerrada?
—Estoy pronta a seguiros, señora, —dijo Clary de Vaudreuil.
—En ese caso, partamos sin dilación, —respondió Bridget.
No cambiaron una palabra más.
Los detalles de este desgraciado incidente, Clary los conocerÃa más tarde, pues demasiado sabÃa ya: su padre moribundo, los patriotas dispersados, y la victoria de San Dionisio anulada por la derrota de San Carlos.
Clary se envolvió rápidamente en un abrigo oscuro para seguir a la señora Bridget.
La sirviente abrió la puerta, y ambas mujeres salieron.
Las únicas palabras que pronunció Bridget, señalando hacia San Carlos, fueron éstas: