Familia sin nombre
Familia sin nombre El honrado labrador iba a avisar a la señora Bridget que le era imposible cumplir el compromiso contraído con ella, y la llevaba el dinero que le había dado por el carro, toda vez que no podía entregárselo porque los soldados ocupaban su alquería, así como todas las demás.
En cuanto al pueblo, estaba cercado y tomadas sus avenidas a larga distancia; de modo que; aun cuando hubiera llevado el carro, la señora Bridget no hubiera podido utilizarlo.
Era preciso; pues, de grado o por fuerza, esperar a que las tropas salieran de San Carlos.
Juan y Clary, lo mismo que el señor de Vaudreuil, oían desde la habitación en que estaban lo que decía Lucas Archambault.
El buen, hombre añadió que la señora Bridget no tenía nada que temer, porque si las casacas coloradas habían vuelto a San Carlos, no era con otro objeto que con el de ayudar a la policía a practicar algunas pesquisas, porque corrían ciertos rumores de que Juan Sin Nombre estaba escondido en el pueblo, y decían los polizontes que emplearían todos los medios posibles para apoderarse de su persona.
Bridget, al oír el nombre de su hijo, no se inmutó siquiera.