Familia sin nombre
Familia sin nombre —De modo que se trata de complacer a los Mahogannis…
—SÃ, gran jefe.
—Pues bien, ya que no puedo evitarlo, asistiré a esa fiesta.
—Rehusar os hubiera sido imposible, puesto que la sangre de los Sagamores corre por vuestras venas.
—¡Sangre de Sagamores mezclada con la de notario! —refunfuñó el Sr. Nick.
Entonces fue cuando Lionel tocó el punto más delicado.
—Está convenido, —dijo—, que el gran jefe presida la ceremonia; solamente que para presentarse en ella, conforme a lo que exige su alto rango, es preciso que deje crecer en punta un mechón de cabellos encima de su cabeza.
—¿Y por qué?
—Por respeto a las tradiciones.
—¡Cómo…! ¿Exigen eso las tradiciones?
—SÃ; y además, si el jefe de los Mahogannis cayera algún dÃa prisionero en la guerra, ¿cómo podrÃa el enemigo sacudir su cabeza en señal de victoria?
—¡En verdad que es delicioso! —replicó el señor de Nick.
¿Conque es necesario, que mi enemigo pueda sacudir mi cabeza… cogiéndola precisamente por el mechón de pelo que debo dejarme crecer?