Familia sin nombre
Familia sin nombre —¿De modo que es conveniente que me case con una hurona? —preguntó el señor de Nick.
—Otra cosa no puede ser para el porvenir de los Mahogannis; y tanto es asÃ, que han elegido ya una squaw de alta alcurnia que se consagrará a la felicidad del gran jefe…
—¿Y se puede saber cuál es esa princesa de piel roja que se consagrará…?
—¡Ya lo creo! —respondió Lionel—. ¡Es digna de unirse a los Sagamores!
—¿Y quién es?
—La viuda del antecesor…
Fue una dicha para las mejillas del joven pasante que estuviera en aquel momento a cierta distancia del señor Nick, pues éste le dirigió un soberbio bofetón, que no llegó a tocarle, porque Lionel lo evitó dando un paso atrás; asà es que aquél tuvo que contentarse con decir esto:
—Escúchame con atención, Lionel: ¡si algún dÃa te atreves a hablarme de todo esto, te alargare de tal modo las orejas, que nada tendrás que envidiar al Asno de David La Gamme!
Después de esta comparación, que le recordaba a uno de los héroes de El último mohicano, de Cooper, Lionel se retiró prudentemente. En cuanto al señor Nick, tan irritado estaba con su pasante como con los notables de su tribu.