Familia sin nombre

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Su palabra elocuente y entusiasta luchaba, no sin trabajo, con el desaliento que se había apoderado de muchos patriotas después de la derrota de San Carlos; pero el abate Joann era incansable, y ya no razonaba, antes bien suplicaba a sus conciudadanos que estuviesen dispuestos a tomar las armas en cuanto volviesen a aparecer sus jefes.

Y, sin embargo, no sabía que había sido de su hermano, porque antes de volver a sus predicaciones se fue a Casa Cerrada para abrazar a su madre y para tener noticias de Juan; pero aquella triste morada no se abrió para él.

El abate se puso entonces en busca de su hermano; él tampoco podía creer que éste hubiera sucumbido, porque la noticia de su muerte habría cundido mucho; el joven sacerdote pensaba que aparecería de nuevo a la cabeza de sus parciales.

Los mahogannis se unirían a los últimos partidarios de la causa nacional.

Entonces sus esfuerzos todos tendieron a sublevar a los indios, y en particular a los de la raza hurona, que deseaban intervenir en pro de la independencia del país.


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